Zorro y Aluzina2 / por Clotilde Dávila


Cuando Carlos López Dzur me obsequió los primeros ejemplares de la revista Sequoyah que él fundara junto a un grupo de profesores de Irvine y San Diego, yo colaboraba con artículos y entrevistas para un semanario de Santa Ana. El director y jefe de la publicación, El Reportero Gráfico, Ignacio Vega Estrada tenía una amistad de años con López y me lo presentó con galas de elogios para él por su sencillez como persona, pero también con una pizca de miedo e incredulidad ante su genio intelectual.

La manera como López Dzur comunica sus ideas fascina, asusta un poco, pero siempre conmueve. Es un anarquista confeso. El es persuasivo, irreverente, pero si una arriesga la visión de su propia cultura convencional por querer participar de lo que él dice, se encuentra con la necesidad de recomenzar el aprendizaje de su vida. Nacho Vega daba el aviso, con su peculiar lenguaje de chilango: «Si Carlitos te echa el rollo, húyele porque te hará alucinar».

Y hacer que yo alucine, o que cualquiera lo haga, es la premeditada voluntad con que él comparte y se abre en diálogo. Dijo, por ejemplo, que «me gusta escuchar (no hablar, que es distinto) hasta por los codos, que me hablen sobre una y más pendejadas, no importa lo que sea, siempre estoy dispuesto a escuchar y aprender; no te creas que ando con gente intelectual, de las que desconfío más; el problema es que hablo poco y no porque sea un hombre de pocas palabras, lo que sucede es que yo, cuando hablo y lo hago sin ninguna timidez, lo hago desde dónde soy más útil y, por supuesto, cuando más me place». Su trinchera de poeta, su A-LUZ-Sinación, es su lugar predilecto.

«La literatura se hizo para éso»; para creer oir, ver o sentir, nuevas fases de pensamiento y nuevas cosas que no se hallan en el discurso cotidiano, a pesar de que están en la consciencia y son reales.

López Dzur dice que el «alucinar del poeta, el alucinar que me adjudica Nacho, tiene que ver más con cautivar irresistiblemente al lector y en echar luz a la zona de los desastres, a los deseos reprimidos, a los caminos de la excesiva fatiga del trajín cotidiano, o a las tensiones emocionales, privadas y públicas, que son exteriormente creadas, que al asunto del Sínodo; no se relaciona con engañar o con embotar los órganos sensorios, propios o ajenos; a-luz-cinar es proyectar LUZ, iluminar un camino».

Contrario a lo que esperé, que yo le informara que Nacho dijo que él, 'Carlos, como poeta, alucina todo el tiempo' y 'contagia con su rollo', no lo molestó. López Dzur lo convirtió en su motivo para reflexionar sobre el término alucinar, al alegar que, utilizando una licencia poética («de la cual los poetas no tenemos necesidad de pedir, porque todo lo que hacemos con el lenguaje es una contínua infracción, la eterna delincuencia que no justificamos, ni que requiere que pidamos permisos a nadie») lo escribiría como: A-luz-sinar.

Por de pronto, no recordó unos poemas suyos que titulara A Luz Sinar y Entre encinos de luz. Yo insistí en oírlos, en pedir que los recordara. No pudo. Carlos transmite la sensación de una persona que ama la soledad, su voluntad privada y que no le gusta perder un minuto de su valioso tiempo en explicaciones para las que no está preparado.

Simplemente, se limitó a decir que en Andalucía se utiliza una expresión, pasar el sino que significa pasar muchos trabajos y disgustos, y con la expresión andaluza él describe los efectos del lenguaje cotidiano, que son subproductos del lenguaje del sufrimiento y las problematizaciones innecesarias. «Tenemos un sino social y sinodal, un Destino social que nos hace sufrir innecesariamente. Ese 'Sino', definido como hado, es nuestro fatalismo... Fatalismo es echarse por el camino de Don Nadie... El lenguaje sinódico, lenguaje diario, no está expuesto a la luz, aún no ha sido llevado a ella, por lo que, más bien, se quedó destinado a los concilios y asambleas de los poderosos. En el lenguaje cotidiano, solemos, consciente o inconscientemente, estar secuestrados... Sin embargo, es la poesía la que recaptura y libera de ese lenguaje del Sínodo, se lo roba, lo rescata y lo conduce a donde realmente pertenece, a la experiencia íntima; el SINODO-A-LA LUZ nos da ocasión de ver las cosas a-la-luz-sinar y entrar al proceso de liberación, que es la a-luz-sinación por el poema. Este es el tema de los poemas que ahora olvidé, pero un día vengo y te los leo».

A mi presentación informal con López Dzur en el restaurante Norm's de la Calle 17, siguió la visita a Santa Ana de un periodista y escritor de Guanajuato, mi amigo Guillermo Razo Cuevas. Quise reunirlos en casa, presentar a ambos. Me comprometí a organizar una lectura de los poemas de López Dzur y una ceremonia de bienvenida a su revista Sequoyah. Yo quería grabar la experiencia de convivir con estos amigos y escritores, además de presentarlos. Cuando se cumplió mi deseo Carlos López vino con todos los poemas que quiso compartir esa noche y nos obsequió algunos de sus libros ya publicados. Razo Cuevas regaló a López una colección de 444 páginas de sus artículos recogidos en su volumen Periodismo en Libertad, publicado en 1985.

Durante una noche de bohemia, conversación y versos, Carlos López Dzur leyó poemas de libros ya publicados y otros en proyecto. De Heideggerinas, inédito, leyó uno, Arma del delito, que reabrió y rememoró la ocasión de nuestro primer encuentro y lo por él expresado como definición de la poesía: «poner el habla sinodal y pública en la luz de la experiencia interna». Arma del delito dice:


Ya que el lugar original
de la verdad no es el juicio,
ya que es necesario que se verifique
si el Dasein es y será eternamente,
saquen la evidencia que me ocultan,
dén su mentís, sepultureros,
que aún hiede el cadáver.
Repiten lo perseverado, dénse mañas
en la luz, pobres diablos,
que lo descubierto se destruya,
ya no sirve por su olor demacrado.
Abrid esos baúles donde todo lo escondido
se expone como falsa complicidad,
tributo sinodático que se paga al Obispo,
señor de todos los olvidos.

¡Destruyan el sentido común
tan sospechoso!
Yo quiero el cadáver a la vista,
al fin de cuentas, con todos los clamores
acusantes y, a la vista también,
el arma del delito.

10-12-1979 | De Heideggerianas

Ese cadáver mencionado, o lo que hiede, según López dijo, es el lenguaje diario, las propuestas sinodales. «Es una comparación arbitraria, pero a veces lo que se oye es repetición de juicios retenidos y lo que hiede de esa repetición de palabras y juicios es una fiebre sinocal; el lugar de la verdad no es el juicio ni el Sínodo, las estructuras del poder retenido y reteniente, sino la experiencia íntima, en la luz».

Otro poema que nos adjuntó a unas breves antologías, en copias Xerox, su obsequio a los concurrentes, pero que él no leyó aunque lo aludiera varias veces y al que recomendó que lo leyésemos cuando tuviéramos tiempo, fue Más allá del uso, poema al que precede una cita de Martin Heidegger:


... el desmesurado olvido de la humanidad
se obstina, asegurándose a sí misma mediante
lo admitido por el uso que le es accesible
en cada caso: Martin Heidegger



Hay que olvidar al mismo olvido
porque el olvido es cómplice.
Hay que armar las sospechas
contra todo lo que es accesible.
Hay que inventar el golpe más incrédulo
y no confiarse en nada
ni con Nadie.
Sólo así el Zorro emerge,
el zorro bueno del Cimiento.

De Heideggerianas

Entre quienes comentamos el poema, concluimos que olvidamos el lugar de la poesía en nuestras vidas; somos cómplices del lenguaje utilitario, el que usamos todos los días sin compensaciones espirituales. Ese es el olvido que ya no es perdón ni buena voluntad, sino domesticación. «La experiencia íntima es nuestro Sínodo feroz, el lugar donde somos auténticos, armamos sospechas y autolegislamos», dice López Dzur. Fuera de esa experiencia, somos cómplices, perdonadores y agachones. «El buen poema es una invitación al pensamiento crítico; la poesía bobalicona está llena de lo que José Martí llamara las 'palabras coquetas', las infames pleitesías y, por tanto, esa poesía que yo ni hago ni me gusta pertenece al Sínodo externo y social y la influencia adoctrinatoria que ejercen sus lugares comunes».

Acerca de este punto, emplazado a decir qué es poesía y para que sirve, él prefirió leer un poema de su libro en preparación, El libro de la guerra. Un poema que llamó su crítica al Liberalismo burgués:


Vestidos con alarde democrático,
adornados de 'ven y participa, da tu voto',
el Uno va al bailongo, al azar, elegante,
por la danza del díme y el direte
¡y a los comicios, comediante,
que el Gran Cómico espera!
El debate político es la cena de lujo,
cadena de oro, cocktail y abrazo presuntuoso.
Han reducido a pantomimas el proceso.
Distorsión es la sustancia
de la espuma, destilante.
La cartera más rica ha forjado el banquete,
sirve el champagne, te lleva al foro.
La agenda está movida por dinero.

El pobre es la última pulga
en el traje de levita del payaso:
los discursos son los chistes
de este coro de seres lastimosos.

3-5-1990 | De El Libro de la guerra

CLD: Este texto que leí es uno en el que el poeta, el que puede ser cualquiera de nosotros, se coloca como copiloto en la cabina del avión o del buque. Digo copiloto porque él no va al mando. El piloto es siempre un Chingonazo Burgués y toma cuidado del asunto de quién es realmente el que le sirve de copiloto... El poeta que entra a la 'carlinga de mando' es un ayudante del ayudante, es decir, tiene poco poder, pero es de confianza... y, siendo así, al copiloto se le echará muy fácilmente de la cabina de mando. Será fácil excluírlo a conveniencia y esconderlo en un rincón, allá entre la cabina de pasajeros, en la cocina o en la cola... En esta etapa del quehacer público, el comando de lo social, el poeta es tradicionalmente menos que un copiloto... Lo que quiero decir es que la poesía no es la invitada de honor y la bien llamada de las actividades. La poesía es el agasajo de antes de las 12:00 de la noche; la Cenicienta de la imaginación, la hermana no querida a la que se le impone su horario, aún en el día de sus mayores galas...

Tengo muchos poemas que tratan sobre aviones y barcos, marineros y pilotos que son motifs sobre el asunto de la Dirigencia y la Participación en el poder y en la sociedad, es decir, textos sobre el paso de la democracia gentilicia al Estado coactivo... Definir lo que es un viaje es importante porque ir, navegar o volar, hacia donde no se quiere es secuestro, no es viaje... Creo que a esos textos los insertaré en El hombre extendido porque el hombre que se extiende e inmigra es el personaje de mis viajes y, en especial, del Viaje a lo Social... Diré que el viaje ideal al que se pilotea es la ida, por opción, hacia la experiencia íntima, ir hacia la libertad y hacia la a-luz-sinación, implicándose el reprocesamiento del lenguaje mismo; por otro lado, la a-luz-sinación no es optar por el autoengaño ni la extraterritorialidad, sino una percepción desde un estado más alerta como el que tienen los zorros y las águilas...

CDávila: ¿Viaje a la extraterritorialidad?

CLD: Oh, recordé a Nietzsche, extraterritorialidad en el sentido de transmundanería... Nietzsche dice que los símbolos son todos los nombres del bien y del mal y que es una estupidez pretender arrancar una absoluta sabiduría de eso. Es una virtud o el comienzo de una que se hable del espíritu y de los sentidos; pero, hay que recordar que estos son instrumentos y juguetes y que detrás de ellos está el verdadero ser y el vientre de todo ser...

CDávila: ¿Has llegado a una conclusión de lo que es el Ser o el vientre del ser?

CLD: No. Yo sólo hablo sobre un Viaje hacia dos direcciones básicas, la experiencia íntima y social y digo, como Nietzsche y Heidegger, que podemos utilizar los símbolos, los mitos y las virtudes, es decir, lo que designamos los 'instrumentos y juguetes a la mano', y hacerlos recursos de orientación e interpretación. Mucha gente, viéndose con instrumentos a la mano, los toma demasiado en serio. Lucra con ellos más allá de la mínima justicia. Es la gente que utiliza estos instrumentos para oprimir. Otro gente se fanatiza con los juguetes y terminan alienándose con ellos. Son los que juegan sin madurar jamás. En ambas conductas hay un error. Para mucha gente religiosa que no quiere hacer daño a nadie, Dios y sus ángeles, lo místico y sus alegorías, son juguetitos para darse diversión y dicha a título personal. Ellos así podrán ser muy virtuosos y alcanzar estándares morales en ciertas instancias, pero, al no comprometerse con un viaje a lo social, son transmundanos, cómplices de instrumentalistas, egoístas sin querer... ¿De qué vale al hombre decir 'Dios es amor', o 'No matarás', y tolerar a una sociedad colmada de odio, robo y violencia? si esperara que sea Dios quien venga, mil años después, a poner orden, aniquilando a todos... Con el juguetito de Dios y sus leyes sublimes, el género humano ha superado en sus crímenes al panteón y sacerdocio del naturalismo primitivo, ha inventado cruzadas e inquisiciones, ¿por qué?

Mi pregunta es: ¿En qué puede ser el poeta (que se autoproclama benévolo) distinto al creyente que juega hasta sus últimas consecuencias con sus alegorías y sus mitos? ¿Se han preguntado eso? ¿Está él más cerca al que descubriera los instrumentos de poder que al que descubrió sus juguetes a la mano?

CDávila: ¿Cómo contestarías a esa pregunta, Carlos?

CLD: Ya lo hice. El poeta es un intérprete y reelaborador de mitos. A veces él no puede crear mitos que sean socialmente triunfantes (porque muchos de sus mitos son admitidos, aunque no suficientemente influyentes, por razones de poder)... Bueno, todo depende de quién te lee si es que te han dado la oportunidad de dispensar tu palabra o si hay el acceso a tu mito... El poeta abre el mito, desgaja y pela la fruta y la da a probar. El no puede hacer más porque participar de un mito requiere de un proceso de catharsis del participante, abrir la boca y comer. Siempre el poeta está dispuesto a copilotear, a sugerir nuevas direcciones; el poeta como alimentador zorrero, sugiere 'prueba el sabor de esta fruta'. Su función no es meter esa fruta en tu boca y atragantarte. A lo que el poeta no está dispuesto es a ser un secuestrador, un envenenador, el que te asfixia...

Hay un texto mío que sí recuerdo... perdón, no todo, pero que insinúa que el poeta como voz no coactiva se limita a pronunciar...


Por eso, aún el kalû sonoriza y pronuncia
y es Vate de Da'at, dándonos mantrams...
si es que el que oye respeta los tañidos
de una totalidad mayor, ¡ay!
la campana que es corazón profundo.

Frag. de Nabî-Kalû | De Tantralia

El mito para cautivar tiene que hacernos oír campanitas desde cierta distancia, no puede ser una amenaza atronadora, no puede asustarnos, tiene que ser como el tañido que llega desde lejos, del campanario del corazón profundo. De no ser así, estamos en el Show de Cristina en el espectáculo de la chusma a la que se instruye que grite bu bu bu, fuera fuera.

No sé si han visto ese circo romano, donde va lo más infeliz de la Tierra a ventilar sus trapos sucios, las penurias de sus almas, creyendo que alcanzarán alguna catharsis o lavamiento... y terminan exponiéndose al gran ridículo, al desprecio general. En los programas de consejos de las Grandes Harpías, en los talkshow, no hay comprensión ni oferta sanadora para los invitados, sino su linchamiento moral. Van por paga o por voluntad propia, a la hoguera, a la humillación pública. Un corifeo de opinantes, ya autojustificados en moralina barata, les espera para decirles a boca de jarro: Somos mejores que tú, eres un fracasado, ya no eres humano. Estos programas son la puesta en escena del drama barato de la traición humana: Don Nadie devora a sus propios hijos, el Acusador de sus hermanos se entroniza. Desde luego, Cristina, Carmen Salinas o cualquiera sean las 'Potestades del Aire', se llenan de dólares y ofrendan a Mamón...

El mito tiene mucho de ritual de lavamiento. Trae consuelo aún para esos hijos de rebelión, chusma despreciada, de los show baratos de moralina estupidizante, que ya he descrito con los nombres de sus autoras para que no quede duda sobre lo que hablo:


Alegrémonos, porque hay música
para los hijos de la rebelión
y la voz trágica de Melpómene
latiga en Lesbos con sus versos
y hay épicas caliópicas
y profecías del Nabî.

A veces las musas no tienen gentileza
que a gusto veneremos; pero...
¡son todo amor y cantan con nosotros
como el padre que disciplina al hijo amado!
Con maithuna dan testimonio del exilio:
galut kodesh.

Lavémonos los pies con agua de poesía.
Evitemos el encubrimiento que el polvo
de la Tierra y el olvido nos provee.
Vayamos de prisa a los ríos
donde Ella es ondina y sirena,
eco de infinita armonía.

Frag. de Nabî-Kalû | De Tantralia

CDávila: Has dicho en ese poema que 'a veces las musas no tienen gentileza / que a gusto veneremos' y, anteriormente, en el texto El Uno / Don Nadie, 'odiar es posible', ¿qué significa? ¿Que no hay mitos perfectos? ¿Cómo elegir el poema del consuelo, o el Zorro Viejo y copiloto / cantor que nos brinde confianza?

CLD: El poeta como zorro viejo, como copiloto del Viaje a lo social o como 'ladrón benévolo de nuestro corazón', se ofrece no como un marido o compañero de parrandas. No es siquiera un amigo con el que podamos contar. Puede que haya nacido siglos antes; puede que jamás se nos cumpla el deseo de verlo en persona como individuo de carne y hueso, aunque él sea coétaneo. Así que gozar de sus gentilezas, o saber de oídas de sus groserías y desplantes, será lo de menos...

Es difícil ser poeta y zorro viejo. Hay que probarse como buen odiador de la opresión, sin caer en esa tentación de exaltar el redencionismo. Este es el mensaje de la primera parte del poema Que nuestro nombre no vengan, es decir, que el poeta mismo no siga construyendo sobre el ego que dice 'Soy el Elegido':


Que en nuestro nombre
ninguno jure.
Todavía no.
El fin de la coacción está incompleto,
en pañales de corazón estremecido.
Y rivales de ese odio somos:
los acusadores de cada forma de opresión
miran los rostros nuestros, ¡ay!
que no juren por mis nombres,
todavía no.

Que en nuestro nombre no vengan | De El Libro de la guerra

¿Cómo es posible que se crea en redentores que no redimen? La historia prueba que se quedan a mitad de camino. Que el problema sigue ahí. No hallo un sólo individuo, por más zorro, heroico, mártir y luchador, que haya sido que sea digno de ser llamado 'redentor' ajeno, 'redentor de patria', rendentor del espíritu social... Invocar por esos nombres es una arrogancia. Uno puede redimir, hasta cierto punto, a su persona, cumplir la responsabilidad mínima que tenemos con nosotros mismos; pero el día que comencemos a creer que redimimos otra cosa, se comienza a loquear... Puede que lo que suceda es que ya dejamos de ver a ese mundo que está ante nuestras narices...

El maltrato está ahí, siendo.
La autonomía del ser, raíz,
y quienes alentamos el gesto liberador,
tan débiles y sedientos estamos.

No todavía no,
los enemigos del interés egoico
y del control hostil, como niños son,
y los aplastan mezquinamente
por un mendrugo menos,
sin darles el pan.

Que no venga con sus actos
de golpes bajos y su falsa buena voluntad.
Biafra quiere más que caridad.
Somalía quiere aún más
que Christian Children Fund.
Que las revoluciones oscuras
desaparezcan, mucho mejor.

Que no vengan los homicidas
con consenso o sin él.
Que no vengan los héoes del aúpa
ni ángeles redentores ni mana
que de los cielos baje o se quiera.
Ni profetas de nuevo cuño
ni hijos de la Ley,
ni obreros del falso perdón
ni hombres blancos
de selectiva piedad
ni iluminados ni gurúes...

No. Que no vengan
porque son ladrones
que saben posar, tozudos del relajo,
inventores de magia y más allá.
Que no vengan los que en Todo
explican a Dios, los absolutistas
de la globalización,
los del Nuevo Orden Mundial,
los agoreros de diablos sociales,
los perseguidores de guerrillas
y gesticulación, los piadosos en las cumbres,
¡ay no! que no vengan con su Verdad.
¡Que nos dejen morir,
que nos dejen luchar!

Que en nuestro nombre no vengan | De El Libro de la guerra

Este poema es un ejemplo de lo odioso que soy... odioso por exceso de sinceridad y por cautela. Esto es un carlancón lleno de incredulidad... yo creo que el poema es necesario. Estoy limpiando las veredas por donde voy a pasar como zorro... Es que mucha de la gente que habla sobre misericordia, redimir a los pobres y hambrientos, gente que dizque está haciendo mucho por la libertad y contra la opresión, es la misma que manipula el discurso con simulacros de piedad. Es gente que ya se ha santificado a sí misma...

CDávila: ¿Crees en la santidad? Me da la impresión que la redefinías en un poema que leíste?

La gente venera a santos que alguna vez fueron, moralmente, unos tal por cuales, libertinos y matones, espada en manos. Sin embargo, terminaron siendo mitos vivientes. O bien, parte de los más influentes mitos del Sínodo... Tomemos, por ejemplo, a San Agustín, el creador de la Filosofía del Espíritu y el primero entre los cristianos en hablar sobre la 'experiencia íntima'; yo lo considero un Zorro Viejo, pese a su juventud fornicaria y a sus accidentadas búsquedas de una verdad, sus mitos privados de libertad y de consolidación espiritual. El pasó del maniqueísmo al escepticismo, después transitó por una etapa estoica y, finalmente, arribó al cristianismo por la vía de las predicaciones de Ambrosio... Yo no creo que la Iglesia Católica esté ya en el espíritu de San Agustín, lo que es lamentable... es decir, yo no creo en la santidad de la Iglesia, pero creo en la excelencia de ciertos valores... Quizás no sea San Agustín lo que más hiede del lenguaje sinodal de la iglesia como institución humana... Los mitos, como todo sistema de creencia, tienen sus limitaciones; los juguetes se rompen, los instrumentos caducan. De ahí la importancia de renovar constantemente los códigos del lenguaje y el marco paradigmático al que el poeta aporta un mito.


Ninguno me ha querido conocer.
De casta aparte soy, prieto buey.
Hijo del dios visible, Kynikos.
¿Por qué torturan mi imaginación?
Soy la santidad, en rutas del agua
vertida en vida, en ser, en entidad.
Dulce y jugosa mi sangre es.
Como el árbol, crezco
y mi raíz es profunda
y hay más paz en mi sombra
que en las suyas, dejadme al menos
pasar hoy y no me vayan a golpear, no.
La autodefensa me atrae,
pero prefiero la tranquilidad.

Del El hombre extendido

Esta es una definición de la santidad: la Vida es Santa... y también es santa la mansedumbre, en sentido moral; mucho más porque es poderosa como la vida y se puede defender. Todo lo que tiene la virtud de la autodefensa es santo. Con la imagen del Buey de Kynikos están definidas dos cosas: la santidad de la materia que va en tránsito hacia la espiritualización, o como dije en el poema, 'la santidad vertida en vida, en ser, en entidad'. Todo lo que se aparta de la violencia es santo... Otra cosa que yo considero santa es la necesidad misma, el proceso y raíz del cambio.

Continuará

El Zorro y sus muchas carlancas / 13-5-1994


Reproducido de El reportero gráfico (semanario, agosto 1990)





Comentarios

KIM CLIN CLIN

Un hombre bueno, ¿quién hay que diga lo contrario? Dio veinte años de su vida a la empresa con la que trabajara, años fieles de <I>clin-clin,</i>

mas, justa y cuidadosamente compensables, aderezados, en atención al nuevo jefe y taller del semanario.<p> <I>«Kim está malo, el buen Kim»,

</I>fue el lamento.<p>
Después de otros quince años previos, como reportero deportivo y, aún como reportero de noticias sociales en Tijuana, B.C., México, él se mudó

de Tijuana <I>al Norte. </I><p>
Reubicado en el Condado de Orange, al Sur de California, continuó en el ramo periodístico. Acerca de él es que hablamos. De él porque se echa

de menos su flaca presencia en los parques de pelota y canchas de fútbol…<p>
En verdad, como nadie es perfecto, en torno a él y su legado, hay sus versiones. Con sus notas, Kim fue desvergonzado. Además del salario,

cada notilla suya escondía su <i>clin-clin.</i> Alguna sutileza él tendría para hilar en su tema futbolístico como parte de la urdimbre de una deuda

pendiente que dejara el director / dueño de equipo / sin pagar. Al final de cada articulejo, como si fuera esencial a sus descripciones del partido y

el informe de sus resultados, envíaba el recordatorio. <p>
El cobro de la nota publicada, haya sido el propósito el de inflar la victoria o la actuación del entrenador del equipo, podía ser un <I>six-pack de

chelas. «Y tú sabes: ¡No bebo Coors; por si acaso te acuerdas!»</I> Una foto incluída cuesta tanto. Una foto innecesaria, el doble. <p>
Kim es negocio puro. Hacer que él sonriera a su enemigo es cuestión de responder a un <I>‘¿de a cómo no? y vámonos recio’.</I> Nada es FREE,

decía este sabio chino, <I>FuManChú</I> con guaraches y más flaco que el hambre.<p>
<I>«Que se nos va el buen Kim»,</I> me dijeron.<p>
<I>«No se va. De seguro que hace alguna transa con la Muerte».</I><p>
Probablemente. El vicio del cigarro lo convirtió en un chacuaco empedernido. Fumaba de tabacos fuertes y apestosos. <I>«De algo me

voy a morir», </I>porfiaba él y, para que no se equivocara, vino el preaviso de La Calaca. Lo estremecieron dos embolias contínuas y quedó

trunco del lado derecho de su cuerpo. <P>
Un día después no llegó el trabajo. Amaneció en el hospital y, en cierto modo, casi <i>pidiendo cacao</i> ante La Bribona huesuda.<p>
En las empresas para las que trabajó, dijeron: <p>
<i>«¡Apenas ni te conozco, pinchi Kim!»</i> El viejo resultó, al fin y a la postre, <i> inmigrante indocumentado.</i> En la tierra de ilusiones, la

Tierra del Mito, aquí donde su mujer lo abandonara, tuvo tres o cuatros críos.<P>
Al final, quedó cuasi inválido, tartamudo a los 60 y pico de años y, peor aún, con sus <i>cuentonones</i> por gastos médico-hospitalarios.

Quienes fueron sus jefes-patrones no querrán su parte en los adeudos.<p>
<i>«¿A quién se pagó el dinero que se descontó por concepto del Seguro Social? ¿A quién el descuento anual por razón de sus State & federal

taxes?»</i> Al parecer, tiene tres o cinco nombres, <I>que sea Kim quien resuelva el asunto,</i> dijo el jefe por no echarse la bronca y el

mito.<p>
¡Cómo sacan al parche los que, a final del partido, no quieren las cercanías con esos duendes de las ocasiones disruptivas que llevan en sí su

propio impulso de disloque! Este coreano es de esos duendes traviesos e impensables.<P>
<i>«¡Pobre Kim!»,</i> se decía sobre él porque fue un tipo bonachón, más popular que simpático.<p>
<I>«¡Pobre si no tuviera pa’l entierro!»<p>
«Quedará con una pata chueca y un brazo muerto»,</i> dijo el hijo.</I><p>
Era amigo de quien quería, casi ternurosamente; pero, a quien no le agradaba, lo distanciaba de sí rotundamente. Negaba hasta el saludo. Lo

miraba como un ser inexistente. No dirigía a él ni la palabra. Si no entrabas en el imperio de su gracia, hablar a Kim sería como hablar a la

pared.<p>
No era chismoso. Simplemente, ignorador. También tuvo sus detalles de viejo <i>rabo verde,</i> enamoradizo. Obsequiaba un chicle,

un dulce, algún detalle, que no hubiese costado a su cartera. Era, para joderla más, feo y cursi. Codo, miserable, aprovechado. Una mujer de buen

culo, con trasero curvo, ya sería, para él, la hermosura andante y, si tuviera menos lengua vulgar que una cultura narcisista, ya era su ‘musa’.

Entraría en la iconografía de sus placeres y pretensiosidades.<P>
En éste, su último empleo, ha sido descrito como un <i>chueco</i>. <p>
Como en regla con el PRIsauriato, se legitima. <i>«Nada tuvo que cumpliera con las normas del 'This is America': </i> su tarjeta de Seguro Social,

sus trámites de residencia, su licencia de manejo, todo tenía sus marcos fraudulentos… Hasta la credencial de elector mexicana fue resultado de

un trámite chueco, sabe Dios cuándo…<p>
<i> «Nada se pudo hacer por ayudarlo», </i> explicaría el jefe a sus compañeros de trabajo que aún preguntan por el Viejo Kim, el reportero al que

llamaban <i>«El Chino»</i>. <p>
<i>«Aún está recluído; la terapia será larga». </i><p>
<i>«Pobre chino», </i>dijeron.<p>
<i>«No. Coreano», </i>aclararon.<p>
Un coreano, nativo de Veracruz, que no hablaría ni pizca de sus idiomas ancestrales, tan sólo ese español tan turbio característico del

snobismo y la Tijuana fronteriza, <I>Spanglish</I> con<I> chilli sauce, </I>internacionalizado e impuro. <p>
No se sabía cuando tenía los ojos abiertos por oblicuos. El silencio desubica. <I>«Lo uso con la chota y la migra. Con el pico callado, no me

incrimino». </I>A no ser que abriera la boca, uno que otro policía gringo, se engañaba. Se imaginaba que hablaría el inglés, bueno o malo y no

fue cierto. El español de Kim no sería del todo malo. <p>
Cursi, casi mamón, sí, estaba lleno de modismos.<p>
Como mexicano, lo delataba su gusto por usar los guaraches, la cachucha de <i>L. A. Angels</i> o el uniforme de árbitro de béisbol. Arbitraba, a

razón de $30 por hora de juego. Para que no hubiese duda de él que arbitra los juegos de las temporadas <i>amateur</i> de las Ligas y obtiene su

dinero extra los fines de semana, se calzaba sus <i>tennis shoes</i> al menos cada lunes.<p>
Desde joven hasta la edad que tiene hoy, sobre el señor Kim, el jarocho, se especuló si sería tan feo como es. ¿Tendría de muchacho el

pleno de sus dientes? Por fortuna, sus hijos heredaron la genética materna. De él, al padre bueno que se fajaría por sacarlos adelante. Crió una

familia ejemplar. Son chicos decentes, jaladores. Ante ésto, habría que perdonar sus defectos. Kim cumplió con su prole hasta el final. Fue padre

y madre.<p>
Cuando quedó solo, pues se casaron sus hijos, la única compañía que se buscó fue su enorme perro, a quien quiso más que a su madre. Dicen

que rentó su <I>garage</I> en ciertos periodos de penuria; pero el perro, ese enorme perro, fue demasiado celoso de la casa y echó esos

negocios a perder.<p>
¿Kim como un tipo gordo y con dientes? Primero muerto que cadáver… <i>«Chino corrupto y mellado», «pinchi chino clinclinero»,

</i>a menudo fueron las frases con la que se le describiera. Casi siempre andaba en fachas, con la misma ropa y el hediondo tufo de cigarro. Le

gustaba, al parecer, que los amigos de su círculo verbalizaran su cruda estampa. Lo acusaran de ser lo que es y había sido, según recuerdo

haberlo oído: la perfección del que muerde, del corrupto. Sólo así se auparía para decir: <i>La corrupción somos todos.</i><p>
Alguna vez, por los ingratos tratos maritales de la señora que le abandonara, a falta de sus atenciones más sutiles y deudas más

dignas y macizas de macho, empinó el codo, se pegó sus chupes. Desde que las <I>chelas </I>le gustaron, con calculada moderación pues tuvo

hijos y quiso dar buen ejemplo, él fabricó sus frases de despecho. Evitó el desconsuelo: <I>«¡Ay, Amalia, cómo me has ponido!»</i> Parece que

la quiso, más no lo suficiente, para entregar a ella la casa que ambos compraron. El la demandó por infiel y le quitó los hijos. No se avergonzaría,

en lo inmediato ni más tarde, al decirlo. No le dio ni para tacos de tinga. Menos la casa que había comprado en Tijuana. <i>«Que la mantenga y la

teche su amante o su marido. Cornudo, pero no pendejo». </i><p>
De sus casas, sentía orgullo. Son ejemplos de que poco a poco, de poquito a poquito, se va formando el charquito. Dos veces logró el

Sueño Americano. <I>«A clin clin fue, pero lo conseguí».</I><p>
Se jactó de la heredad que dará a sus hijos. Casas pagadas con sus muchos <i>kim-clines.</i><p> Clin-clin-clin, onomatopeya de monedas

constantes y sonantes. <i>«De cacahuate pa'rriba lo que caiga», </i>decía. <p>
Hay que aprender a vivir ciertamente, pero no de ideales; indispensable es ser práctico. Tenía sus facetas de filósofo pragmático. <p>
Por mí, creo yo, sentía <I>odium theologicum;</I> representé su opuesto, el estilo idealista de la vida; la conciencia aún no alcanzada por el

cinismo.<p>
<I>«No sabes vivir aún de las patadas; tal vez no has vivido jamás en la pobreza»,</I> me decía.<p>
Justificó el dicho <i> 'la corrupción somos todos'</i> y su convicción de que todo ha de ser compensado. El PRI fue su escuela

ideológica y él es agradecido en cuanto aprendió cómo se habría de manejar en la vida. <i>«Cayendo el muerto y soltando el llanto», </i> frase

favorita a la que añadía: <i>«Sobre el muerto las coronas»</i> y <i>«callitos, ¿crees que mi perro no come?» </i><p>
Un favor no está exento. <i>«¿De a cómo no?»</i> y el favor se cumple. Por tal razón, ni un aventón a la casa era capaz de ofrecer al

que lo solicitara como acto de confianza y amistad, yendo por la misma ruta. Antes diría: <i>«Bueno, aún no veo claro».</i> La claridad del billete

verde, la claridad de la paga, favor adeudado.<p>
Le encantaba jugar el dominó. Se conocía todos los trucos de baraja. Con la gente más viciosa, casi lumpenizada, pero, ya rehabilitada de sus

derrumbes morales, hizo buenas migas. Tenía dos oficinas, una en la redacción del periódico; otra, en un club de ex-alcohólicos, donde podía

fumar a gusto, beber café a todas horas y jugar a la baraja, billar o dominó, hasta altas horas de la noche.<p>
Cuando se murió Don Chava, el amigo más querido que tuvo, conoció a quien llamaba <i>'mi hijo', </i>un joven gentil que iniciaría su

propia empresa, se sintió solo. El club de ex-alcohólicos cerró y el 'hijo' dejó de visitar al viejo cariñoso, casi chocho por sentimentalidad tardía.

Una noche en su casa lo sorprendió un dolor en el pecho. Le dio hasta un derrame cerebral. Alcanzó a subir a la cama para esperar la muerte.<p>
Se vio solo. Adolorido y postrado, ni pudo telefonear por auxilio en su emergencia. Su 'hijo postizo', el Gordo, llegó a visitarlo, por

casualidad, la otra mañana. Lo llevó al hospital porque, aunque débil y paralizado, estaba vivo. Se dio a entender en señas. El Gordo lo cargó en

brazos. Kim no era el mismo; pero, todos los que rieron sus gracias, o pagaron sus clinclines, lo dieron por muerto. <p>
Mas sobrevivió. Con La Calaca también practica sus kim-clines.<p>

4-8-2002<p>
De libro en preparación<p>


El gran guerrero

No es que tengas que sangrar a cuchillo,
cada ente que veas, cada cosa que se mueva,
cada respiro que se exprese en la vida.
No destruyas a la carreta en que voy
ni el camino natural donde veas mi cizaña.
Tus voces interiores son el verdadero rival:
tu envidia, tu soberbia, tu ira. Tu deseo.

No te exicites porque crezca una sombra.
¿Qué sabes tú que es la luz?,
Lucharás contra las emociones,
templo ilusorio que tienes en el alma
porque eres hijo de muchísimos sentidos:
tus instintos que te dan el campo de batalla.
Cogniciones que se pierden en la NADA.


2.

Hanuman, creo en tí,
en tu cara de mono, en tu pelambre,
en tu rabo tieso, en tu baño en las charcas,
en el gibón que grita, en tu nervioso sexo,
en tu dialéctica genética de primántropo,
en tu lenguaje que se guinda en las ramas
y se baña en las aguas, con gritos y gemidos.

En Visnú que puede venir a tí
y pedirte monerías, utilizar tu lenguaje,
la ronda de los simios; Rama te miró
(tus ojos en la cita de lo hermoso,
y una mujer te ganó la empatía cuando lamíste
su soledad más que su celo, límite del orgasmo).
Ella fue Sita. Rey de los monos, ella fue la estética
primicial, incipiente, reveladora.

Me llenaste de celos, hombre primántropo.
Dudé de ella. Inventé el patriarcado
con el guerrero arjuno, olvidadizo.
El Dharma es duro, el dharma duele en la epidermis.
Es un puñal lampiño; es un sendero que odia
los abrojos y eras tú el más peludo símbolo
del falo, la más itifálica ciudad de los violentos.

Hanuman, gracias por regresarla porque la cité
por primera vez en tus rumbos, no la pude sacar
del embeleso, pero la renunciaste por no sé qué
deseo vencido, por no sé qué dharma
que vence sus propias emociones y se interesa
en los actos ambientales y el poder del interior
que apenas se percibe, pero que funda una fe
en invisibles organizaciones: Gracias rey,
veedor de lo invisible, optimista primicial de los futuros.


5-3-1990

3.

En cita con la memoria episódica
Visnú me hizo una rama del árbol
de tu genealogía. Por eso existo.
Ya soy un rey, soy el sentido, la semilla
que se pudre y se afana en las ansias
del crecimiento del Ser, germino
en espacios manifiestos, en batallas
esclarezco mi luminar, surjo
en los claros vitales y biológicos.
Tengo un proceso, Rama del dharma.

En la rama de la cita, están las cualidades,
correlaciones de gunas, fuerza y materia,
anhelo, pasión, actividad, urgencia elemental,
de ser mi complemento: Sattwa, Tu Verdad,
Tu Bien, Tu pureza, oponiéndome
al Tamas, lo Oscuro, lo ilusorio, mi ignorancia.

Frag. del libro Tantralia


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